EL
RESPETO
Veneración,
acatamiento que se hace a alguien.
Miramiento, consideración, deferencia.
Podríamos
pensar que faltar al respeto es simplemente tener malos modales. Claro, hablar
con la boca llena, presentarnos sucios a la escuela o el trabajo, o empujar a
los otros para pasar son conductas irrespetuosas. Sin embargo, significan poco
en comparación con las verdaderas faltas de respeto: tocar a alguien sin su
consentimiento; burlarnos de una religión, de un trabajo o una forma de vida
diferente a la nuestra, querer utilizar a los demás como medios para nuestros
planes, abusar de quienes están en desventaja (los ancianos, las personas
enfermas, los niños muy pequeños, los animales). Debes evitarlo siempre. A
veces la mejor forma es seguir las reglas. Pero pensar siempre “debo hacer
esto”, “no debo hacer lo otro” es solo el primer paso. El gran progreso en la búsqueda del respeto no está en la
inteligencia, sino en el corazón: el
amor a los demás sirve de guía e inspiración para cuidarlos y honrarlos por
formar parte de la vida.
Viviendo
el valor
El valor del respeto se ejerce cuando mostramos aprecio y cuidado
por el valor de algo o de alguien. Puede estar dirigido hacia los derechos y la
dignidad de
las demás personas, hacia los de nosotros mismos y también hacia el entorno
natural, incluyendo las plantas y los animales que lo integran. Nos ayuda a conservar intacto aquello que
más apreciamos en la vida; nos enseña a reconocer aquello que más aprecian los
demás. Puede vivirse en forma colectiva —entre un
país y otro— o individual —entre dos personas—.
Un
código universal
Una idea muy popular afirma que, al solicitar algo, importa tanto lo que pedimos, como la forma en que lo hacemos. Llamamos “cortesía” a la manera atenta en que se solicita un servicio o un objeto; es un elemento que transforma cada detalle de la vida.
Una idea muy popular afirma que, al solicitar algo, importa tanto lo que pedimos, como la forma en que lo hacemos. Llamamos “cortesía” a la manera atenta en que se solicita un servicio o un objeto; es un elemento que transforma cada detalle de la vida.
Mira la
diferencia que hay entre “°Quítate de
aquí” y
“¿Podrías dejarme pasar, por favor?”. ¿Cuál de las dos formas te
gustaría más que emplearan contigo? Lo
que resulta claro es que para esperar un trato correcto, tú debes darlo a los demás.
Pero la cortesía es solo la superficie de una actitud más profunda… Respetar a los otros consiste en reconocer su importancia como personas que habitan el mundo y comparten la vida contigo, en saber que cada una de ellas es tu prójimo, tu semejante. La lista incluye a los miembros de tu familia, a tus maestros y amigos, a tus vecinos, pero también a cualquier persona que pasa por la calle, aunque no la conozcas. Todos ellos, sin importar los detalles (menos aun si son hombres o mujeres) son tus iguales.
Pero la cortesía es solo la superficie de una actitud más profunda… Respetar a los otros consiste en reconocer su importancia como personas que habitan el mundo y comparten la vida contigo, en saber que cada una de ellas es tu prójimo, tu semejante. La lista incluye a los miembros de tu familia, a tus maestros y amigos, a tus vecinos, pero también a cualquier persona que pasa por la calle, aunque no la conozcas. Todos ellos, sin importar los detalles (menos aun si son hombres o mujeres) son tus iguales.
Para
la vida diaria
Sigue las reglas
que se siguen en tu grupo o tu comunidad, como guardar
silencio en determinadas circunstancias o respetar las áreas y servicios
creados para las personas discapacitadas.
No aceptes ninguna actitud ofensiva o humillante: nadie debe hablarte a gritos o con groserías. Más aun: nadie debe quitarte tus planes y las buenas ideas que guían tu vida (la vocación por una carrera o el interés por un deporte).
Las leyes están hechas para respetarse. Hazlo siempre y recomiéndalo a tu entorno.
Aprende a ser amable y afectuoso con tu entorno: no arrojes basura en la calle, ten consideración de los mayores, de las plantas, de las mascotas. Construye poco a poco el mundo donde quieres vivir.
No aceptes ninguna actitud ofensiva o humillante: nadie debe hablarte a gritos o con groserías. Más aun: nadie debe quitarte tus planes y las buenas ideas que guían tu vida (la vocación por una carrera o el interés por un deporte).
Las leyes están hechas para respetarse. Hazlo siempre y recomiéndalo a tu entorno.
Aprende a ser amable y afectuoso con tu entorno: no arrojes basura en la calle, ten consideración de los mayores, de las plantas, de las mascotas. Construye poco a poco el mundo donde quieres vivir.
Por
el camino del respeto
Las
dificultades hacen que muchas personas pasen por encima de las reglas —y hasta
de las demás personas— para conseguir sus fines. Aunque los obtengan, esta
forma ha de evitarse: están haciendo del mundo un lugar de violencia y
sufrimiento.
Puede creerse que el respeto o la falta de respeto que se presentan en el hogar no tienen mayor impacto. Sin embargo, todo comienza allí: si respetamos en la casa, estamos generando respeto en el mundo. No aceptes ni un detalle de violencia en tu hogar.
A veces pensamos que las personas rudas y agresivas en su trato son fuertes. La verdad es todo lo contrario: actuan así porque son débiles y tienen miedo. Las personas fuertes son aquellas que son amables y serviciales en su trato y respetan a los demás y los tratan con cariño.
Puede creerse que el respeto o la falta de respeto que se presentan en el hogar no tienen mayor impacto. Sin embargo, todo comienza allí: si respetamos en la casa, estamos generando respeto en el mundo. No aceptes ni un detalle de violencia en tu hogar.
A veces pensamos que las personas rudas y agresivas en su trato son fuertes. La verdad es todo lo contrario: actuan así porque son débiles y tienen miedo. Las personas fuertes son aquellas que son amables y serviciales en su trato y respetan a los demás y los tratan con cariño.
El respeto comienza en la propia persona. El estado
original del respeto está basado en el reconocimiento del propio ser como una entidad
única, una fuerza vital interior, un ser espiritual, un alma. La conciencia
elevada de saber “quién soy” surge desde un espacio auténtico de valor puro.
Con esta perspectiva, hay fe en el propio ser así como entereza e integridad en
el interior. Con la comprensión del propio ser se experimenta el verdadero autorrespeto.
Fuente de conflicto
El conflicto se inicia cuando falta el reconocimiento de la propia naturaleza original y la del otro. Como resultado, las influencias negativas externas dominan completamente el respeto. Estabilizarse en el estado elevado del propio ser asegura auténtico respeto por y de los demás debido a que se actúa con la conciencia de que todo ser humano tiene un valor innato, que es puro y virtuoso. Esta forma de pensar garantiza la victoria final, porque la interacción sobre esta base asegura que surja la bondad inherente del propio ser y de los demás.
El conflicto se inicia cuando falta el reconocimiento de la propia naturaleza original y la del otro. Como resultado, las influencias negativas externas dominan completamente el respeto. Estabilizarse en el estado elevado del propio ser asegura auténtico respeto por y de los demás debido a que se actúa con la conciencia de que todo ser humano tiene un valor innato, que es puro y virtuoso. Esta forma de pensar garantiza la victoria final, porque la interacción sobre esta base asegura que surja la bondad inherente del propio ser y de los demás.
La causa de todas las debilidades se origina en la
ausencia de autorrespeto. La persona se llena de diferentes deseos o expectativas,
exigiendo consideración o respeto de los demás. La persona, al hacerse
dependiente de fuerzas externas en lugar de sus poderes internos, mide el
respeto mediante los factores físicos y materiales, tales como la casta, el
color, la raza, la religión, el sexo, la nacionalidad, el estatus y la
popularidad. Cuanto más se mide el respeto sobre la base de algo externo, mayor
es el deseo de que los demás tengan un reconocimiento hacia mí. Cuanto mayor es
ese deseo, más se es víctima del mismo y se pierde el respeto hacia uno mismo y
hacia los demás. Si las personas renunciaran al deseo de recibir consideración
de los demás y se estabilizaran en el estado elevado de autorrespeto, la
consideración y el respeto los seguiría como una sombra.
El desafío es desarrollar el valor del respeto en
el propio ser y darle una expresión práctica en la vida diaria. Aparecerán
obstáculos para probar la solidez del respeto y, con frecuencia, se sentirán en
los momentos de más vulnerabilidad. Es necesaria la confianza en uno mismo para
tratar con las circunstancias con seguridad, de manera optimista,
esperanzadora. En las situaciones en las que parece que todos los apoyos se han
desvanecido, lo que permanece fiel es el nivel en que se ha podido confiar
internamente en el propio ser.
Ambiente de respeto
El poder de discernir crea un ambiente de respeto, en el que se presta atención a la calidad de las intenciones, actitudes, conductas, pensamientos, palabras y acciones. En la medida que exista el poder de la humildad en el respeto hacia el propio ser —y el discernimiento y la sabiduría que permiten ser justo e imparcial con los demás— habrá éxito en la forma de valorar la individualidad, apreciar la diversidad y tomar en consideración la tarea en su totalidad. El equilibrio entre la humildad y el autorrespeto da como resultado el servicio altruista, una actuación honrosa desprovista de actitudes débiles tales como la arrogancia y la estrechez mental. La arrogancia daña o destruye la autenticidad de los demás y viola sus derechos fundamentales. Un temperamento así perjudica también al transgresor. Por ejemplo, la tendencia a impresionar, dominar, o limitar la libertad de los demás se manifiesta con el propósito de imponerse en detrimento del valor interno, de la dignidad y la paz mental. El respeto original se subordina a uno artificial.
Por tanto, pretender ganar respeto sin permanecer consciente del propio valor original se convierte en el método mismo para perderlo. Conocer el valor propio y honrar el de los demás es la auténtica manera de ganar respeto. Puesto que tal principio tiene su origen en ese espacio prístino de valor puro, los demás sienten intuitivamente, la autenticidad y la sinceridad. En la visión y la actitud de igualdad existe una espiritualidad compartida. Compartir crea un sentimiento de pertenecer, un sentimiento de familia.
El poder de discernir crea un ambiente de respeto, en el que se presta atención a la calidad de las intenciones, actitudes, conductas, pensamientos, palabras y acciones. En la medida que exista el poder de la humildad en el respeto hacia el propio ser —y el discernimiento y la sabiduría que permiten ser justo e imparcial con los demás— habrá éxito en la forma de valorar la individualidad, apreciar la diversidad y tomar en consideración la tarea en su totalidad. El equilibrio entre la humildad y el autorrespeto da como resultado el servicio altruista, una actuación honrosa desprovista de actitudes débiles tales como la arrogancia y la estrechez mental. La arrogancia daña o destruye la autenticidad de los demás y viola sus derechos fundamentales. Un temperamento así perjudica también al transgresor. Por ejemplo, la tendencia a impresionar, dominar, o limitar la libertad de los demás se manifiesta con el propósito de imponerse en detrimento del valor interno, de la dignidad y la paz mental. El respeto original se subordina a uno artificial.
Por tanto, pretender ganar respeto sin permanecer consciente del propio valor original se convierte en el método mismo para perderlo. Conocer el valor propio y honrar el de los demás es la auténtica manera de ganar respeto. Puesto que tal principio tiene su origen en ese espacio prístino de valor puro, los demás sienten intuitivamente, la autenticidad y la sinceridad. En la visión y la actitud de igualdad existe una espiritualidad compartida. Compartir crea un sentimiento de pertenecer, un sentimiento de familia.
Ese sentido de honor y de valor puede extenderse a
la naturaleza. La falta de respeto y trabajar en contra de las leyes de la
naturaleza ocasionan un desequilibrio ecológico y desastres naturales. Cuando
el respeto y la reverencia se extiendan a la energía eterna de la materia, los
elementos servirán a la humanidad con precisión y abundancia.
Respeto es el reconocimiento del valor
inherente y de los derechos innatos de los individuos y de la sociedad. Estos
deben ser reconocidos como el foco central para lograr que las personas se
comprometan con un propósito más elevado en la vida. El respeto y el
reconocimiento internacionales por los derechos intelectuales y las ideas
originales deben observarse sin discriminación. La grandeza de la vida está
presente en cada uno, por lo que todo ser humano tiene el derecho a la alegría
de vivir con respeto y dignidad.


No hay comentarios:
Publicar un comentario